domingo, 29 de abril de 2012

Inspiración

Ahora entiendo como pueden componer canciones como ésta.

sábado, 31 de diciembre de 2011

¿La vida que nos ganamos o la vida que nos toco?

Cada quien hace su camino, pero a veces las cosas salen bien y otras no. Cuestión de suerte dicen, pero al mismo tiempo otros afirman que el resultado depende de cada uno. El azar puso las cosas en el camino ya depende de nosotros aprovecharlas.

A veces tenemos la suerte que otros quieren y viceversa, ¿cómo sería si pudiéramos intercambiar la suerte con otra persona? Ni en los videojuegos hay esa opción, puedes intercambiar bienes, pero no atributos (fuerza, inteligencia, suerte, etc).

Ahora tenemos que buscar aprovechar más las oportunidades y crecer más, si no lo haces eres un conformista o mediocre. Si ya estamos satisfechos con lo obtenido nadie puede obligarnos seguir buscando obtener más, lo haremos cuando lo consideremos conveniente.

Al mirar por las calles se puede ver que algunos tienen que esforzarse más que otros para obtener lo que quieren, pero el esfuerzo no puede ser medido de la misma manera para todos. Mientras estés contento con lo que haces no importa el nivel de esfuerzo que tengas que poner porque en todo momento te sentirás satisfecho; por el contrario, si no te satisface lo que haces cada mínimo esfuerzo te costará. La satisfacción de hacer las cosas hace que el esfuerzo sea más o menos pesado.

A la satisfacción de hacer las cosas hay que agregarle el nivel de habilidad de cada uno. Si no eres muy hábil en lo que te gusta te costará más hacerlo. Estarás satisfecho pero te costará más que a otros.

Si no somos hábiles en lo que nos gusta ¿deberíamos dejarlo e intentar otra cosa? Eso sería darle la razón a que todo depende de la suerte, pero si uno no pone de su parte las oportunidades igual se van por mucha suerte que tengas.

Al final creo que tenemos que ganarnos la vida que nos toco, la suerte nos puso en el camino, pero nuestro esfuerzo determina la manera de como recorremos el camino.

jueves, 22 de octubre de 2009

Los afortunados en el trabajo

Que la vida se nos complique por errores o descuidos propios es el pan de cada día, incluso algunos ya estamos acostumbrados a eso y simplemente nos reímos de nuestra torpeza o mala suerte. Pero cuando un buen día se viene abajo cortesía de un tercero eso si que saca de quicio, sin embargo he aprendido que por muy grande que sea la burrada del tercero debemos ayudar a que el problema se solucione ya que algún día nosotros podríamos ser el tercero; así que tratemos de ser parte de la solución y no un agravante del problema.

Sin embargo si descubrimos que los problemas no surgen por error del trabajador sino por pura mala suerte ¿qué hacemos si tenemos un salado en nuestro trabajo? En la mayoría de grupos trabajo el salado ya está identificado, algunos lo evitan para que no se les pase su suerte y otros entre risas lo ayudan.

El salado se convierte en todo un personaje de la oficina; hay infinidad de historias que cuentan durante el break, desde las graciosas hasta las que cuesta creer que son verdad. A pensar de su mala suerte persiste en el trabajo, tal vez no con mucho entusiasmo, pero sigue ahí ya sea porque quiere hacer las cosas bien pese a las complicaciones o porque ya se resignó a su suerte y trabaja como puede.

No sé si la solución para estas personas esté en algún amuleto o ritual de buena suerte, las cosas pasan y muchas veces no sabemos porque. Así que si eres el salado o alguna vez te toca serlo, paciencia y animo; mira el lado positivo te convertirás en un personaje dentro de tu empresa sin mucho esfuerzo.

lunes, 27 de abril de 2009

El mejor confabulador de todos los tiempos

Se dice que cuando el universo confabula no hay quien lo supere, las casualidades resultantes de ésta confabulación son de lo más interesantes y nunca dejan de sorprendernos.

Éste sábado pasado he sido víctima de la confabulación del universo; hace nueve años terminé el colegio y cada uno de mis compañeros de clase tomo su camino. Con tres de ellos había estudiado desde primero de primaria, nuestras madres son muy amigas y todos éramos considerados sobrinos de cariño. Los caminos de nosotros cuatro no se separaron mucho ya que estudiamos en la misma universidad pero en distintas carreras, aun así las visitas y reuniones iban disminuyendo con el paso de los años llegando a ser casi nulas cuando cada uno terminó la carrera y empezó a trabajar; digo casi nulas porque en la ceremonia de gradación de la universidad nos reunimos por última vez.

Han pasado un poco más de tres años desde aquella ocasión, en ese tiempo trabajé y saque mi titulo profesional. Éste sábado pasado fue la ceremonia de apertura del año académico donde se hace entrega de la insignia académica a los que se licenciaron. El evento por si solo ya generaba gran emoción en mí, sin embargo el nivel de emoción se salió de la gráfica al encontrarme con mis tres amigos de colegio. No podíamos creer que los cuatro nos estábamos licenciando al mismo tiempo, era como estar en la graduación del colegio de hace nueve años. Por cortesía del universo habíamos avanzado al mismo ritmo en nuestra carrera profesional y sin planearlo nos volvimos a juntar con motivos más que suficientes para celebrar.

En fin así da de vueltas la vida, quien sabe si de manera aleatoria o bajo el antojo de otro, vamos de un sitio a otro y pareciera que es muy complicada, pero en realidad es simple somos nosotros los que la hacemos complicada. Todo es cuestión de tomar decisiones, porque como bien he aprendido: “tomar una decisión no es un problema, sino es parte de la solución”. Que nuestros miedos o dudas no nos dominen al momento de decidir, tenemos que dejarlos a un lado y seguir avanzando. Tal vez sin saberlo avancemos al mismo ritmo de seres queridos que hace mucho que no vemos y el día menos pensado ese avance nos reunirá con ellos una vez más.